Pito&Ken, Moda Femenina

Nosotros somos vosotras. Y para ello, intentamos que nuestras creaciones, coloridas y divertidas en ocasiones, más formales en otras, y siempre con un punto retro, se adapten a vuestras situaciones y estados de ánimo y que el “no sé qué ponerme hoy” deje de ser tan frecuente. Sin encasillarnos en conceptos y teorías, tratamos de vivir la moda como algo natural y flexible, dentro de su pluralidad.

La fabricación en España es una premisa de la que partimos, no es algo de lo que nos sentimos orgullosos, sino algo  que pensamos que debemos hacer como única vía para recuperar nuestra industria y mejorar el concepto global de la industria textil.

Mientras tanto, os deseamos que disfrutéis tanto de la moda como lo hacemos nosotros.

La historia de Pito&Ken

En el verano de 1978, Pito y Ken tenían ocho años y cuatro calles alrededor de su edificio por las que correr y jugar a sus anchas. En los recién estrenados televisores en blanco y negro, con rayas que cruzaban constantemente la pantalla y que había que hacer desaparecer tocando un botoncito situado tras el aparato, emitían las series que tomaban como base de sus juegos, como la de Christie Love, la estilosa detective afroamericana de quien copiaban los modernos y llamativos looks, usando las plataformas de plástico blanco y tacón de corcho de su madre. Esos mismos zapatos les servían también, junto a los vestidos curvilíneos de la progenitora, para imitar las poses de las divas del momento, que les sonreían desde las páginas de las revistas que hojeaban mientras esperaban a mamá en la peluquería. Sofía Loren, Claudia Cardinale, Brigitte Bardot, posando como diosas entre la elegancia y el erotismo.

Luego, los domingos, como guinda del pastel, les esperaban los juegos en la playa, donde las modernas turistas europeas exhibían sin pudor  sus estilizados cuerpos únicamente protegidos por dos (e incluso en ocasiones, una) diminutas piezas que agudizaban aún más la excitación de los lugareños, mientras reivindicaban con fuerza su libertad e independencia. 

Ya en aquel verano, y durante sus prolongadas estancias en la huerta alicantina, empezaron a dibujar en el aire los elegantes atuendos que imaginaban llevaría la reina de hielo, Catherine Deneuve, en tal o cual película o estreno cinematográfico o sarao de turno. Como las reinas del glamour se les antojaban en aquel momento diosas distantes e inaccesibles, decidieron usar como modelos a las chicas del lugar. Así, la peluquera de la esquina era “la Sofía Loren”, la tímida y esquelética amiga de su prima, la “Audrey Hepburn”, la de la tienda de ultramarinos, “la Marilín”, y así sucesivamente, convirtiéndose de pronto en  las musas de sus creaciones, aunque, con el tiempo, dejaron de ser meras sustitutas para convertirse en las auténticas inspiradoras de sus diseños, pues a las cualidades que compartían con las famosas artistas, que no eran pocas, sumaban la cercanía, la sencillez y la envoltura “de carne y hueso”. Los calores que les producían sus nuevas musas y el ardiente sol canicular solían mitigarlos  con una manguera que hacía las veces de piscina, playa y bañera de hidromasajes, sin el glamour de éstas, pero con el mismo refrescante resultado.

Y así fue durante muchos años, a lo largo de los cuales conocieron y trataron a un buen número de mujeres, que despertaron en ellos distintas y variadas emociones. Y así se dieron cuenta de que todas las mujeres de su vida se preocupaban por la imagen que proyectaban, no de una forma frívola o superficial, no es que quisieran únicamente estar guapas, no era eso. Tenía más relación con el hecho de reivindicar ante el mundo su personalidad, de decir “aquí estoy yo”. Y entendieron la importancia que daban ellas (independientemente de su estatura, edad, medidas, belleza…) a su indumentaria. Porque a través de la ropa ellas reivindicaban su personalidad pero jugaban también a ser otras, sin dejar de ser ellas. La moda era un juego.

Han pasado casi cuarenta años desde aquel verano decisivo y desafiante, caluroso y excitante, pero Pito y Ken siguen viendo a las mujeres, que tantos cambios han experimentado y cuya inteligencia ha mejorado de forma notoria nuestra sociedad, con los mismos ojos de entonces, como dos niños sentados en un banco mirando pasar y admirando a sus particulares Raquel Welch o Ursula Andress.